Establece
claramente el Manual del Buen Hemíptero
que jamás se debe llegar a matar al huésped. Lo dice tan seriamente
que, hasta ahora, ninguno de ellos lo incumplió de forma tan obscena como la
rubia Malibú que nos ocupa. Se ve que a Castellón no llegan ciertos manuales; o
tal vez el problema es que llegan con el título traducido: Reglamento del Congreso de los Diputados, y claro, eso lía. Una
joven promesa de la política llegada del Mediterráneo, qué coño va a saber que
todo esto no es más que una pantomima construida para que parezca que este país
de tontos de nacimiento es una democracia con todos sus avíos. La rubia ha
caído como un ñu sediento en orilla cocodrilera. Por supuesto, que se joda.
Pobre chica;
ella que diputa y computa y reputa como la que más, y ahora se le viene encima
toda la mala leche funcionarial y desocupada; por culpa de una sola frase,
oiga. Ni la Campa ha logrado tanto. Ella, que ha tocado la cima tras ardua
competición en condiciones de igualdad con otras jóvenes generaciones hijas de
tal o cual perla representativa.
