Esta mañana he cometido el pecado
de releer un artículo de ayer donde una corresponsal en Berlín habla de las
diferencias ―originalidad
para qué te quiero―
entre alemanes y españoles. Dicho artículo viene a titularse hoy "Jóvenes alemanes, aunque sobradamente preparados para ganar dinero y ahorrar”; digo hoy porque AYER tenía un título más corto en todos los sentidos: “Nunca seremos como ellos”; donde se
resaltan las bonanzas de los susodichos y se enfangan por inducción otros
comportamientos más autóctonos. Un título cuya ruindad sólo es superada por la
cobardía de cambiarlo al día siguiente.
